Un poema
Si…
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Si puedes conservar la calma cuando a tu alrededor
todos la pierden y te culpan a ti;
si confías en ti cuando todos dudan de ti,
pero también comprendes sus dudas;
si sabes esperar sin agotarte en la espera,
o, cuando te calumnian, no respondes con mentiras,
o, cuando te odian, no te rindes al odio,
sin presumir de bondad ni hablar como un sabio;
si puedes soñar sin que tus sueños te dominen;
si puedes pensar sin hacer del pensamiento tu única meta;
si te encuentras con el Triunfo y el Desastre
y tratas por igual a esos dos impostores;
si soportas oír la verdad que has dicho
tergiversada por tramposos para engañar a los ingenuos,
o ver destruidas las cosas a las que entregaste tu vida
y agacharte a reconstruirlas con herramientas gastadas;
si puedes reunir todo lo que has ganado
y arriesgarlo en una sola apuesta,
perder y volver a empezar desde cero
sin decir una palabra sobre tu pérdida;
si puedes obligar al corazón, los nervios y los músculos
a seguir adelante cuando ya no tienen fuerzas,
y resistir cuando dentro de ti no queda nada
salvo la Voluntad, que les ordena: «¡Resistan!»;
si puedes hablar con multitudes y conservar tu integridad,
o caminar junto a reyes sin alejarte de la gente común;
si ni enemigos ni amigos queridos pueden herirte,
si todos cuentan para ti, pero ninguno en exceso;
si puedes llenar el minuto que no perdona
con sesenta segundos de camino recorrido,
tuya será la Tierra y todo lo que contiene
y, más aún, ¡serás un hombre, hijo mío!
Rudyard Kipling
Escrito en 1895 · Publicado en 1910
La memoria